Puede que haya cosas que permanezcan para siempre.
Sus pies descalzos, caminaban sobre el frío hielo. No podía ver más allá de la niebla. Con la cabeza bajada, y los ojos húmedos, sentía la tristeza que había en su interior. Con el corazón hundido en el pecho, se arrodilló en el suelo y dejó caer sus lágrimas. Con sus manos, cogió nieve del suelo y lo apretó con ira y rabia. La dejó caer, como el que no quiere saber nada y se tumbó sobre la nieve. Puso su mirada al cielo, y mientras se secaba las lágrimas, susurró "Sé que tu nunca me vas a fallar".
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